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[16/1/2009] 

Críticas relacionadas con la última gira de Iñaki Alberdi junto con la Orquesta Sinfónica de Euskadi en Andalucía

lavozdigital.es

Juan Manuel Pérez Madueño

 

Itaun, compuesta en 2003, presenta una estructuración lineal, con una orquestación que explora la tímbrica desde su región más aguda y donde los elementos polirrítmicos rompen, en ocasiones, la insistencia de células que mutan constantemente y que cohabitan con texturas y planos superpuestos. En ellos, el acordeón solista surge casi como un integrante más de la orquesta, impregnando con su peculiar timbre el resultado general de la composición. Si bien este tipo de piezas ofrece una difícil valoración de sus intérpretes, Itaun sirvió para mostrar la impecable ejecución que del acordeón llevó a cabo Iñaki Alberdi. Su interpretación, repleta de sutilezas, consiguió que el público descubriera la gran cantidad de matices que guarda esta partitura. Una lectura impecable y totalmente emotiva de la obra de Lazkano le permitió el reconocimiento general del público asistente. La unión orquesta-solista fue perfecta, gracias a la pulcra y clara exposición que de ella hizo Pablo González.

Diario de Sevilla

Pablo J. Vayón

 

Ramón Lazkano (San Sebastián,1968) es una de las voces más personales de la brillante generación de músicos españoles que se mueve en el entorno de los 40 años. Más que un concierto, Itaun podría calificarse de obra sinfónica con acordeón obligado, pues el instrumento solista se integra en la orquesta casi como un miembro más. La obra, que muestra

las preocupaciones del autor por la tímbrica (esos primeros colores

claros y brillantes que se van oscureciendo) y la riqueza de las texturas,tiene un desarrollo tradicional, es decir avanza, aunque sea hacia su propia disolución. Con mano maestra, Iñaki Alberdi mostró las múltiples posibilidades sonoras del acordeón.

 

Diario ABC

José Luís López López

 la formación donostiarra ha correspondido con un concierto de muy buen nivel (empaste, cohesión, versatilidad), a las órdenes de otro excelente director joven, el asturiano Pablo González (1975). La pieza que abrió la velada fue «Itaun» (euskera, plural de «Ita», es decir, «Preguntas»), compuesta en 2003 por Ramón Lazkano, uno de los músicos más interesantes de la generación nacida en torno a 1968, que utiliza lo mejor de la contemporaneidad con una total libertad y personalidad. «Itaun», para acordeón (admirable Iñaki Alberdi) y orquesta, no es, propiamente, una obra concertante, puesto que el instrumento solista está perfecta y continuamente integrado en la formación orquestal. Es una creación fascinante, «lachenmanniana», de curso «autodestructivo», en un camino desde el virtuosismo hasta la anulación y el silencio.

El público que llenaba la sala acogió calurosamente la interpretación, y Alberdi nos regaló un «bis» inesperado, para reconocer el cual (transcripción, timbre singular del acordeón) hubo que afinar el oído y aun ratificarnos después: el famosísimo «Nocturno», movimiento 3º del 2º Cuarteto de Cuerdas de Borodin. Extraordinario.

 

El Diario Vasco

M.J.Cano

La orquesta abrió el concierto con Itaun de Lazkano. La composición, de unos veinte minutos de duración, embrujó desde el principio y sirvió para constatar, una vez más, tanto el oficio del compositor donostiarra como su sensibilidad creadora. La obra brilló por su resultado tímbrico, tan atractivo que resultaba difícil distinguir la fuente de la que provenía el sonido. La fusión acordeón-orquesta pensada por Lazkano era tal que todos los músicos participaron de una misma sonoridad compartida. El aspecto rítmico tampoco se quedaba atrás, con un poder de atracción que atrapaba desde el principio.
El acordeonista Iñaki Alberdi fue el perfecto vehículo para permitir al público degustar con credenciales la obra de Lazkano. Su comunión con la orquesta y su entendimiento con el director fueron totales, y la interpretación, tan expresiva como la propia obra. Pocas veces se escucha al público aplaudir con tanto convencimiento una obra contemporánea como anteanoche. Alberdi tuvo que salir tres veces al escenario y terminó regalando un Nocturno de Borodin lleno de sensibilidad.

 



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