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El compositor Pascal Gaigne y el acordeonista Iñaki Alberdi en la Escuela Municipal de Música y Danza de Donosita. A. Guerrero.

El acordeón, ese joven de 175
años que sigue creciendo


BEÑAT DOXANDABARATZ Donostia
1 de febrero de 2004

EL ACORDEÓN DE LAS PELICULAS



El COMPOSITOR francés afincado en Donostia, Pascal Gaigne, dio su clase maestra ayer en dichas jornadas. Gaigne es creador de una veintena de bandas sonoras, entre las que destacan “El Sol del membrillo” (Víctor Erice, 1992) – “donde hay un par de temas que me gustan mucho” -, “Flores de otro mundo” (Iciar Bollain, 1999), “Silencio Roto” (Montxo Armendáriz, 2001) y “Piedras” (Ramón Salazar, 2002).
“Pienso que el acordeón tiene una sonoridad muy interesante que, mezclada con una orquesta, da otro matiz y otro timbre, al igual que se hace con una trompeta o una flauta travesera”.
Gaigne comenta que es muy receptivo a las bandas sonoras que utilizan el acordeón. En ese sentido cita Maurice Jarre (“Doctor Zhivago”, “La hija de Ryan”, “Único testigo”, “Ghost”) como uno de sus compositores favoritos. “Esas influencias las paso por mi filtro y luego fluyen a mi manera”.
También ha hecho la música de “Las voces de la noche”, de Salvador García Ruíz, con el que ya trabajara en “Mensaka” (1998) y “El otro barrio” (2000). Su siguiente banda sonora será para un película francesa, “Le cou de la girafe”, obra prima de Safy Nebbou, un director parisino de origen berebere y que vive en Iparralde, donde ha firmado dos cortos en euskara: “Bertzea” y “Lepokoa”.

EVOLUCIÓN Además de instrumento popular, ha sabido hacerse un hueco en las orquestas clásicas.

COINCIDIENDO CON el 175 aniversario del nacimiento del acordeón, La Asociación de Compositores Vasco-Navarros ha venido celebrando unas jornadas sobre “Técnica instrumental para compositores e intérpretes” en la Escuela Municipal de Música y Danza de Donostia.
Se trata de uno de los instrumentos más populares y que goza de más adeptos en el mundo. De hecho, no hay música folklórica que no haya asimilado el acordeón a su bagaje en detrimento incluso de instrumentos de tradición local.
Incluso ha ido más allá , ya que amén de mantener su faceta folklórica, poco a poco, el acordeón ha sabido ganarse su sitio y estilo entre los círculos más importantes de la música clásico ay contemporánea. “Se ha hecho un hueco en la familia de los instrumentos “nobles”, elevándolo a la categoría de instrumento de concierto “, señala Iñaki Alberdi, concertista, profesor de acordeón en Musikene y organizador de las jornadas.
Según explica Alberdi, al acordeón convencional se le llama diatónico. “esto es porque cada botón se obtienen dos notas, según la dirección que lleve el fuelle. Como inhalar y exhalar de la respiración. Y añade: “luego vino el cromático, cuya característica esencial es que emite el mismo sonido tanto si se abre o cierra el fuelle”.
Si bien es un instrumento al que consideramos “de toda la vida”, lo cierto es que es un hijo del romanticismo del siglo XIX.
Aunque inventado por el alemán Friedrich Buschman, fue C. Demián, un constructor austriaco de instrumentos musicales quien, el 6 de mayo de 1829, presentó la patente de un apartado con ventilación alterna, “cuyo origen está en los instrumentos aerófonos chinos de hace 5.000 años, más concretamente el sheng, que utilizan el principio de la lengüeta libe metálica”. “En occidente lo que se hizo es accionar ese mecanismo mediante un fuelle”.


Su poder expresivo hizo furor de repente. Fue el juguete de las damas de los salones burgueses. Enseguida, dotado de un segundo teclado para la mano izquierda, no tardará en llegar a la calle y penetrar en el medio rural.
Los fabricantes rivalizaron en ingenio. A partir de ahí, su evolución “fue espectacular”. Unos meses después llegó la concertina (la cual puede ser considerada como prototipo del acordeón de concierto actual). Y a finales de los 1840 apareció en Alemania el bandonéon, que debe su nombre a su inventor H. Band.
Su popularidad, desde finales del siglo XIX, fue inmensa. Se exportaron barcos enteros hacia América. “En Argentina, se convirtió en el instrumento privilegiado del tanto”, cuenta Alberdi, “Como decía el compositor Astor Piazzola, el acordeón pasó de tocarse en las iglesias de Austria a ser tocado en los burdeles de Argentina”.
En el París de 1.900, fue el rey del género “Musette”, sedujo el vals en el mundo entero, sedujo a los cantantes, su encanto inspiró a los poetas. Es a finales del siglo XIX cuando en Italia surge el acordeón cromático.

ECLIPSADO POR LA TRIKITIXA
En Euskal Herria ha sucedido algo curioso, por cuanto el acordeón goza en la actualidad de menos adeptos que la trikitixa, “quizá porque en parte sea posible aprenderlo sin necesidad de saber solfeo; el acordeón es más académico”, sugiere Iñaki Alberdi.
¿Falta un Kepa Junkera vasco en el acordeón? Alberdi cree que no. “Ahí están Joxean Goikoetxea, que ha tocado con los mejores, desde Richard Galiano hasta Alisdair Fraser. Luego está Aitor Furundarena, que es un monstruo en folklore, acompañando e improvisando. Y qué decir de Pascal Gaigne, que emplea sutilmente el acordeón en su música para películas”.

 

   IÑAKI ALBERDI  JULIO - 2005